La otitis en verano es una consulta muy habitual en pediatría. Con la llegada del calor, los baños en piscina, playa, ríos o campamentos acuáticos aumentan, y con ellos también aparecen más molestias de oído, sensación de taponamiento, picor, dolor e incluso secreción. Aunque muchas familias hablan de “otitis” como si todas fueran iguales, no es lo mismo una que una otitis media.
Entender esta diferencia es importante porque el tratamiento cambia. No todo dolor de oído necesita antibiótico oral. No todas las gotas sirven para todos los casos. Y, sobre todo, no conviene automedicar al niño ni usar gotas sobrantes de otra ocasión.
La otitis en verano suele relacionarse especialmente con la humedad dentro del conducto auditivo externo. El agua retenida puede irritar la piel del oído y favorecer la proliferación de bacterias u hongos. Por eso, muchas veces se conoce como “otitis del nadador”. Sin embargo, también puede aparecer dolor de oído por catarros, cambios de presión, acumulación de moco o infección del oído medio.
En Clínica Pediátrica Vikids, en Vigo, vemos cada verano muchos niños con dolor de oído tras varios días de piscina. La buena noticia es que, con prevención y una valoración adecuada, la mayoría de casos evolucionan bien.
Otitis externa vs otitis media: no son lo mismo
La otitis externa afecta al conducto auditivo externo, es decir, la zona que va desde la entrada del oído hasta el tímpano. Suele aparecer después de baños repetidos, especialmente si queda humedad acumulada. También puede favorecerse por el uso de bastoncillos, pequeñas heridas, dermatitis, eccema o exceso de manipulación del oído.
En cambio, la otitis media afecta al oído medio, una zona situada detrás del tímpano. Es más frecuente tras catarros, congestión nasal o infecciones respiratorias. En estos casos, el problema suele estar relacionado con acumulación de moco y mala ventilación del oído medio a través de la trompa de Eustaquio.
En la otitis en verano, la externa suele ser la más típica cuando el niño ha pasado muchos días en piscina. La pista clínica más clara es que el dolor empeora al tocar la oreja, tirar suavemente del pabellón auricular o presionar la zona anterior del oído. En la otitis media, el dolor puede ser intenso, pero no siempre aumenta al tocar la oreja por fuera.
Cómo reconocer los síntomas
Los síntomas de la otitis externa suelen empezar con picor o sensación de oído taponado. Después aparece dolor, que puede ser bastante intenso. A menudo molesta al masticar, al apoyar la cabeza sobre la almohada o al tocar la oreja. En algunos casos hay secreción, mal olor o disminución temporal de la audición.
En la otitis media, el niño puede tener dolor de oído, fiebre, irritabilidad, llanto nocturno, dificultad para dormir o rechazo de tomas si es bebé. A veces aparece después de varios días de mocos. Si el tímpano se perfora, puede salir líquido o pus por el oído y el dolor puede disminuir de forma brusca.
En bebés, reconocer una otitis puede ser más complicado. Pueden tocarse la oreja, llorar más, dormir peor, comer menos o estar más irritables. Aun así, tocarse la oreja no siempre significa infección; también puede hacerlo por sueño, dentición o simple exploración. Consulta más información acerca de salud infantil en el blog de Vikids.
Por eso, ante dolor persistente, fiebre, secreción o mal estado general, lo adecuado es consultar con el pediatra.
Piscinas y bacterias: por qué aumentan las otitis
Las piscinas pueden favorecer la otitis en verano por varias razones. La primera es la humedad. Cuando el oído permanece húmedo durante mucho tiempo, la piel del conducto se reblandece y pierde parte de su función de barrera. Esto facilita la entrada de microorganismos.
La segunda razón es la irritación. El cloro, los cambios de pH, el agua retenida, la arena o la manipulación con los dedos pueden irritar el conducto auditivo. Si además el niño se rasca o se limpia con bastoncillos, pueden aparecer pequeñas lesiones.
La tercera razón es la exposición repetida. Un niño que se baña varias veces al día durante muchos días seguidos tiene más riesgo que otro que se baña de forma puntual. Esto no significa que haya que evitar la piscina, pero sí cuidar el secado y vigilar los síntomas.
Cómo secar correctamente los oídos
Después del baño, conviene secar la parte externa del oído con una toalla limpia, sin introducir nada dentro del conducto. También puede ayudar inclinar la cabeza hacia un lado y luego hacia el otro para facilitar la salida del agua.
No se deben usar bastoncillos para “secar por dentro”. Los bastoncillos pueden empujar el cerumen hacia dentro, irritar la piel, provocar pequeñas heridas e incluso dañar el tímpano si se introducen demasiado. El oído no necesita limpieza agresiva. De hecho, el cerumen tiene una función protectora.
Si el niño tiene tendencia a que se le quede agua en los oídos, se puede comentar con el pediatra. En algunos casos concretos, el profesional puede recomendar medidas específicas, pero no conviene aplicar gotas secantes, alcohol, vinagre u otros productos caseros sin valoración, especialmente si hay dolor, tubos de drenaje, perforación timpánica o antecedentes de cirugía. Lee más sobre cuidados pediátricos en verano en nuestro blog.
Cuándo usar tapones
Los tapones pueden ser útiles en algunos niños, pero no son necesarios para todos. Su uso puede valorarse en niños con otitis externas repetidas, antecedentes de cirugía de oído, drenajes transtimpánicos, perforación timpánica o problemas dermatológicos del conducto auditivo, siempre siguiendo la recomendación del pediatra u otorrino.
En niños sin antecedentes, que se bañan de forma ocasional y no tienen molestias, no siempre hacen falta. Además, si los tapones no ajustan bien, pueden ser incómodos, no proteger adecuadamente o incluso irritar el conducto.
Si se utilizan, deben ser adecuados para agua, adaptarse bien al oído y mantenerse limpios. En algunos casos, los tapones personalizados pueden ser una opción, especialmente cuando hay indicación médica clara.

Prevención tras el baño
Para prevenir la otitis en verano, lo más importante es reducir la humedad prolongada y evitar lesiones en el conducto auditivo. Después de la piscina o la playa, se recomienda secar bien la oreja por fuera, inclinar la cabeza para ayudar a drenar el agua y evitar bastoncillos.
También conviene espaciar los baños si el niño empieza con picor o molestias. Si aparece dolor, es mejor evitar nuevos baños hasta que lo valore el pediatra. Seguir bañándose con una otitis externa puede empeorar la inflamación y retrasar la recuperación.
Otra medida útil es no manipular el oído. Muchos niños se rascan cuando notan agua o picor, pero ese gesto puede irritar más la piel. Si hay tendencia a eccema, dermatitis o piel muy seca, el pediatra puede orientar cuidados específicos.
Cuándo acudir al pediatra
Debes consultar si el niño tiene dolor de oído intenso, fiebre, secreción, mal olor, pérdida de audición, inflamación visible de la oreja, dolor que empeora al tocarla o síntomas que no mejoran. También si es un bebé, si tiene antecedentes de otitis de repetición, si lleva drenajes, si ha tenido cirugía de oído o si sospechas que puede haber entrado un objeto en el conducto.
En caso de otitis externa, el pediatra valorará el conducto auditivo y decidirá si necesita tratamiento local. En caso de otitis media, valorará el tímpano y el estado general del niño. No siempre se indican antibióticos, y la decisión depende de la edad, la gravedad, la fiebre, la evolución y la exploración.
El dolor debe tratarse adecuadamente, pero siempre con dosis adaptadas al peso y siguiendo indicación profesional.
Riesgos de la automedicación
La automedicación en problemas de oído puede ser peligrosa. Usar gotas antiguas, antibióticos sobrantes o productos recomendados “porque a otro niño le fue bien” puede retrasar el diagnóstico o empeorar la lesión.
Algunas gotas no deben usarse si existe perforación timpánica o si el niño tiene tubos de drenaje. Además, no todos los dolores de oído son infecciones bacterianas. También puede haber tapones de cerumen, irritación, cuerpos extraños, dermatitis, dolor referido por garganta o dentición.
Por eso, si hay dolor importante, secreción o fiebre, lo prudente es consultar. El oído es pequeño, pero cuando se enfada, se hace notar. Y bastante.
La otitis en verano es frecuente en niños, sobre todo tras baños repetidos en piscina o playa. La más típica es la otitis externa, relacionada con humedad, irritación y proliferación de microorganismos en el conducto auditivo. Sin embargo, también puede aparecer otitis media, especialmente si hay catarro o moco.
La prevención se basa en secar bien los oídos por fuera, evitar bastoncillos, no manipular el conducto, valorar tapones solo cuando están indicados y consultar ante dolor, fiebre o secreción. Con medidas sencillas, los niños pueden disfrutar del agua con más seguridad y menos riesgo de terminar las vacaciones con dolor de oído.
En Clínica Pediátrica Vikids, en Vigo, podemos valorar a tu hijo si presenta dolor de oído, fiebre, secreción, molestias tras la piscina o episodios repetidos de otitis.
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